Puerta a puerta

Estas son algunas de las historias de las familias que forman la Corrala de Vecinas LA UTOPÍA. Son un grupo de personas que, como se puede comprobar, padecieron en sus propias carnes los efectos de la crisis, perdieron sus viviendas y, además, no obtuvieron ningún tipo de ayuda de los poderes públicos e instituciones. En próximos días haremos públicas más de estas historias.
 

Manoli tiene 65 años y tras toda una vida trabajando como limpiadora, ahora se ve en la calle. No pudo afrontar el pago de la hipoteca aunque lo intentó por todos los medios: así perdió sus ahorros, incluso el plan de pensiones.





Vanessa está casada, tiene 32 años y tres hijos a su cargo, uno de ellos con síndrome de down. La empresa en la que trabajaban ella y su marido quebró, dejándoles a deber una importante cantidad económica que no van a cobrar hasta dentro de varios años. No pudieron afrontar los pagos de su piso. Envisesa les exige para acceder a una vivienda social que liquiden las deudas que tienen. Sin embargo, ellos no pueden. 






 Ana va a ser deshauciada por el Banco Popular. Un día, sin previo aviso del banco, llegó a su casa la notificación judicial. Su esposo padece una compleja enfermedad crónica. Ha buscado ayuda en todos los organismos e instituciones pública. No ha obtenido ninguna respuesta de ellos.




Aguasanta  tiene 3 hijos. Perdió su empleo hace tres años. Lleva viviendo de alquiler varios años, pagando cada mes el alquiler. Actualmente ya no tiene ingresos suficientes para seguir pagando una vivienda para ella y sus hijos. Reclama un precio asequible que pueda pagar. Su caso adquirió cierta presencia en los medios de comunicación y los políticos le hicieron distintas promesas que jamás han cumplido.




Irma es trabajadora social en paro. Vive con su madre y quiere tener la oportunidad de independizarse como una persona adulta que es. No quiere tener la propiedad de la vivienda, solo vivirla y volver a recuperar el sentido comunitario y de vecindad.
Practicar la revolución de la hierbabuena! nos dice, llamar a la puerta del vecino y recuperar esos lazos de confianza y solidaridad.







Elena lleva tres años en el paro. Antes ha trabajado de todo: peluquería, cajera de supermercado, limpieza, etcétera. Ella y su pareja, que también perdió el puesto de trabajo en plena crisis económica, viven con su madre y no tienen posibilidad de tener una vivienda. Ha solicitado un piso de protección de alquiler pero no cumple los requisitos mínimos porque no tiene trabajo y para recibir ayudas te exigen tener un trabajo.





Toñi tiene 44 años y un hijo de 12 a su cargo. A finales de septiembre perdió su empleo y se quedó además sin paro ni ayudas. En cuanto dejó de pagar Emvisesa la metió en un juicio, en el que, además del dinero que debe, habrá de pagar las costas judiciales. Denuncia que en la manzana en la que vive hay 30 pisos vacíos víctimas de familias que han sido desahuciadas. Reclama un alquiler que en su situación pueda pagar.